miércoles, 19 de junio de 2013

FILOSOFÍA: EL PODER EN NUESTRO TIEMPO

Antes solíamos pensar, que el poder era una lucha constante entre los fuertes y los débiles, pero con los años, nos hemos dado cuenta que el sujeto encargado de manejarlo, muchas veces, no necesita de la fuerza bruta para ejercerlo ante su población o equipo de trabajo, ni mucho menos, es de carácter débil, por el contrario, cada día se nos muestra a las personas que lo poseen como seres cotidianos que sienten y piensan las necesidades de otros, las cuales son articuladas a su propuesta ideológica en relación con su comunidad, pero en especial a su proyecto de vida.

El poder, es la estrategia de persuasión
que un líder utiliza, para mostrarse
ante su grupo de personas como una
pensamiento de mayor comprensión e
interpretación de las preguntas de la cultura,
pero ante todo, de la sociedad en estos
tiempos actuales.


Por otra parte, Foucault, nos plantea en su texto “La Arqueología de Saber” que el   poder no es tanto desde el ejercicio intelectual sino desde la forma discursiva por lo siguiente:

Sobre un tipo definido y normativo de enunciación? Pero he encontrado formulaciones de niveles sobremanera diferentes y de funciones sobremanera heterogéneas, para poder ligarse y componerse en una figura única y para asimilar a través del tiempo, más allá de las obras individuales, una especie de gran texto ininterrumpido. , Sobre un alfabeto bien definido de nociones? (62)

Esto nos enseña,  que el discurso, es una figura inagotable de conocimiento acerca del poder que tiene su autor o quien lo pronuncia, puesto que tiene que asimilar las distintas formas ideológicas que se suscitan en los hechos históricos que pasan durante su época de trabajo en la población o equipo,  si no es así, el trabajo conceptual, que se ha elaborado, en su  desarrollo en su capacidad discursiva, perdería el cauce de su intencionalidad, lo mismo que su construcción, la cual se realizó para llegar  mucho más allá de quien antecede.

Las Redes Sociales, es la mediación, por la
cual los líderes dan a conocer su
capacidad discursiva, para atraer más
seguidores a su propuesta de pensamiento
e interpretación ideológica e igualmente
el espacio del debate y la discusión
de una ética del encuentro.

Adicional a lo anterior, el discurso como capacidad de persuadir,  más bien de  seducir en nuestros tiempos actuales,  se rige es por el interés que “X” tiene en “B” para un fin, pues como bien, somo sujetos que constantemente estamos buscando, en otros  algo a cambio por un beneficio o interés, gracias a un bien poseído; para que más adelante, se lo paguemos con algo de su necesidad o simplemente se genere un vínculo de relación entre los protagonistas del interés.

Cabría preguntarnos, sí esto es malo o es bueno, más bien, todo depende de los hechos históricos, sociales, culturales, económicos y políticos que generaron la alianza entre los sujetos de “X” con los de “B”

Al respecto sobre lo anterior, Foucault, nos dice:

Las relaciones discursivas. Según se ve, no son internas del discurso: no ligan entre ellos los conceptos o las palabras: no establecen entre las frases o las proposiciones una arquitectura deductiva o retórica. Pero no sin embargo, Unas relaciones exteriores aI discurso que lo limitarían, o le impondrían ciertas formas, o lo obligarían, en ciertas circunstancias, a enunciar ciertas cosas. Se hallan, en cierto modo, en el límite del discurso: le ofrecen los objetos de que puede hablar, o más bien (pues esta imagen de ofrecimiento, que Suponeque los objetos están formados de un lado y el discurso del otro) determinan el haz de relaciones que el discurso debe efectuar para poder hablar de tales y cuales objetos, para poder tratarlas, nombrarlos, analizarlos, clasificarlos, explicados, etc. Estas relaciones caracterizan no a la lengua que utiliza (76-77)


 En otras palabras, el interés no se genera tanto por obtener relaciones discursivas o un beneficio de los protagonistas, se trata es de buscar el diálogo para mostrar que los sujetos necesitan de los objetos que caracterizan al uno del otro, ya que estos generarían en su lugar de origen, una mayor calidad de vida o solamente un desarrollo más óptimo en los distintos ámbitos que subyacen la cotidianidad de dicho lugar. Dirigido u orientado por un sujeto elegido entre su grupo como el líder.
Las mayores características humanas que tienen su comportamiento según Max Weber:

1.    La tradición: porque reconoce el orden, por el cual se maneja la autoridad y las instituciones; a la par, analiza las organizaciones, para tener una mayor comprensión.
2.    El carisma: capacidad de aceptar el manejo del poder por parte de otra persona, por la identificación de sus características personales como simpatía, habilidad social,  empatía entre otros.
3.    Legitimidad o autoridad legal: es la aceptación del ejercicio del poder desde el orden jerárquico, es decir, que la persona se encuentre apoyada por una organización legítima del estado.

El poder, es un debate constante
entre los conceptos de tradición e
innovación, puesto que ambos, buscan
la misma finalidad que es la preservación
del bien y de los intereses del hombre
como habitante de la cultura.

La anterior cita textual, comparte la idea de que el poder, no es tanto desde la capacidad de persuasión o seducción de quien lo utiliza, sino desde el discurso, subyace los elementos anteriormente expuestos,  no es solamente un conjunto de nociones armadas a partir de una propuesta conceptual,  el poder de nuestro tiempo, es un ejercicio de estrategia, donde la persona que lo tiene a su cargo es dirigida por una perspectiva política, pero ante todo, con un apoyo de una organización del estado, para tener un desempeño crítico, analítico y reflexivo.

Puesto que sí no es así, se estaría desarrollando una dictadura, donde no se podría  realizar el ejercicio de la confrontación a quien la dirige nuestros destinos en el estado a través del diálogo, sino más bien,  se tendría que utilizar la violencia para llegar a un consenso. Contrario a esto, el poder, es la capacidad que tenemos para influir en otros  según los virajes legales que se nos abren gracias a la filosofía política.


A manera de conclusión, podríamos decir  que  el ejercicio de poder, es el ejercicio del carácter, porque si no fuera en esta forma, caeríamos en la manipulación de una persona con un comportamiento incorrecto o simplemente embaucador y nos dejaría sin nuestras posesiones el día de mañana.

Bibliografía 
  • Foucault, Michel. Las Palabras y las Cosas. Barcelona: Siglo Veintiuno Editores, 1978. 

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